Compartir Pilates con tu bebé
<< No imaginaba que los bebés pudieran llorar tanto. No tenía la menor idea
de dónde me había metido. Para ser sincera, llegué a pensar que mejor hubiera
sido tener un gato>>
_____________
Anne Lamott,
Operating Instructions: A Journal of My Son´s First Year

La colchoneta en su sitio, la botella de agua, dos sábanas y música suave.
Estás preparada para dar la bienvenida a tu pequeño compañero de fatigas. Te
colocas en posición, pones al bebé en la colchoneta y... ¡Vaya hombre!, el
pobrecito echa a llorar. ¿Y ahora qué?.

A menudo basta un poco de flexibilidad, calma y creatividad para despertar su
interés y conseguir su colaboración. En este capítulo te ofreceremos algunas
directrices generales y consejos más específicos para seducir a tu hijo en la
práctica de fitness. Es muy fácil. Se trata simplemente de adaptar el ritmo y el
tono de los cambios a su siempre inestable estado de ánimo. Tu misión aquí es
crear una atmósfera atractiva para el niño sin que ello perjudique la realización
de un trabajo óptimo. Conseguirlo es un acto de equilibrio. Te ahorrarás
muchas decepciones si reconoces desde el principio que no es algo que
puedas controlar completamente. Con un bebé es imposible predecir lo que
puede ocurrir de un momento a otro. Por una parte, toda actividad física te
ofrece, y también a tu hijo, una nueva aventura. Su compañía te garantiza que
los ejercicios nunca serán demasiado rutinarios. En realidad, la flexibilidad
implícita en la práctica te invita a ser espontánea y juguetona con él. Nada es
más reconfortante para ambos que la diversión compartida. Puedes ser tan
creativa y sugerente como quieras mientras interactúas con tu bebé. Canta,
bésalo, nombra las partes del cuerpo o muévete al compás de una canción de
cuna al tiempo que realizas los movimientos de Pilates. Dicho de otro modo,
considéralo como un tiempo de juego y de trabajo al mismo tiempo para ti y
para tu hijo, algo así como una actividad multitarea.

El tiempo lo es todo

La primera regla es estar atento a los cambios constantes del bebé en su
estado de ánimo y sus necesidades. Los recién nacidos pueden disgustarse,
sentirse incómodos, tener hambre, estar mojados, somnolientos, distraídos o
desconcertados siempre con arreglo a su reloj biológico. Nuestro programa de
Pilates debe estar invariablemente subordinado a sus exigencias. El tiempo lo
es todo. No planifiques la práctica cuando tu hijo tiene hambre o se está
preparando para dormir un poquito (éste puede ser un momento ideal para
hacer ejercicio tú sola o aprovechar, al igual que él, para dormir un poco). La
mayoría de los niños pequeños disfrutan de un período de tiempo durante el día
en que están más despejados y se muestran más sociables; algunos, a
primera hora de la mañana, y otros después de la siesta de media tarde. Las
madres lactantes tal vez prefieran dar de comer a su hijo antes de empezar el
programa físico para evitar las desagradables molestias derivadas de unos
senos a reventar de leche. Si tienes que interrumpir los ejercicios para
alimentarlo o cambiarle el pañal, puedes reanudar la rutina de inmediato.
Espera un poco para que el niño haga la digestión; de lo contrario podría
vomitar.

Algunos días son mejores que otros

Es importante conservar el sentido del humor y la predisposición para
improvisar durante los ejercicios para que la experiencia de fitness con el niño
sea lo más satisfactoria posible. Habrá días en los que al principio se mostrará
reacio a elevarse o rodar contigo en la colchoneta, para luego seguir
practicando cuando ya estás exhausta. Otros días sólo querrá repetir un
movimiento una y otra vez, ad nauseam, como por ejemplo << Rodar con una
pelota>>, pero nada más. Podrías tumbarte boca arriba, hacer muecas
divertidas, darle un masaje en las extremidades y cantarle una canción, y aun
así no conseguirías que dejara de llorar.

Requisitos mínimos

Cuando tu hijo dice basta, deberías por lo menos intentar la <<Serie de
Estómago>>. A decir verdad, te sugerimos que forme parte de tu hábito diario,
ya sea tú sola o con tu bebé. Con un poco de brío, en cuestión de cinco
minutos puedes realizar este grupo de cinco o seis ejercicios abdominales. En
cualquier caso, y dependiendo de su estado de ánimo, es posible que tengas
que combinar y adaptar tu rutina en caso de que el niño parezca estar
disgustado. Con el tiempo descubrirás qué ejercicios prefiere hacer contigo y
serás capaz de prolongar la sesión alterando la secuencia de los movimientos
para que se sienta a gusto y feliz. La flexibilidad es fundamental. Evitará que te
sientas frustrada y enojada. Recuerda asimismo que sólo necesitas hacer diez
o menos repeticiones de cada ejercicio; más podría amenazar la integridad de
tu alineación. Por otro lado, diez repeticiones con concentración y alineación
son preferibles a cien bruscas, irregulares y precipitadas.

El dúo dinamico: De la mano de tu hijo

Sin pronunciar una palabra, el bebé es capaz de comunicarte sus deseos,
necesidades e intereses. Cuando sonríe o frunce el entrecejo, te mira a los ojos
o a otra parte, gorjea o da grititos te lo está <<diciendo>> todo acerca de su
estado de ánimo y <<pidiéndote>> que le respondas. Durante el ejercicio,
presta atención a lo que dice y honra a sus mensajes con una réplica. Tu hijo
sólo pretende implicarse en una danza de la comunicación contigo. Identifica y
potencia estos intentos de interacción. Cuando le respondas, procura adaptar
tu reacción a su estado de ánimo. Si tienes la sensación de que está pidiendo a
gritos una acción más intensa, sube un poco el volumen de la música,
acompasa más los movimientos y parlotea con él. Y cuando adviertas que ya
ha tenido suficiente estimulación, pisa el freno y respeta su necesidad de
relajación. Recuerda que el estado de ánimo de los bebés cambia
constantemente mientras intentan alcanzar el equilibrio en su nivel óptimo de
excitación. Si lo ayudas a tolerar y disfrutar de una mayor estimulación y luego
a tranquilizarse, le enseñaras a regular sus emociones.
¿Cómo puedes saber que tu hijo ya ha tenido suficiente estimulación en
un momento determinado? Fíjate en estas señales: nerviosismo, cerrar los
ojos, volver la cabeza, evitar tu mirada, fruncir el entrecejo, amodorramiento y
por supuesto llorar.

<<¡Socorro! ¡Me voy a derretir!>>

Si el niño empieza a agitarse o a llorar durante la sesión, ten en cuenta las
sugerencias siguientes:

* Cambia de posición. Cambiar la forma en la que lo sujetas le
proporciona una nueva sensación vestibular y una nueva imagen visual.
Estas simples novedades pueden ser suficientes para distraerlo.
Prueba otras posiciones; algunos bebés pueden ser muy particulares
en lo que les gusta y disgusta.

* Un ligero balanceo puede tranquilizarlo.

* Ponte de pie. Algunos niños dejan de llorar si lo tomas en brazos y los
arrullas en pie. Es un buen momento para practicar los <<pliés de
pie>>.

* Ofrécele ejercicios con un mayor contacto pecho-pecho, caricias o
abrazos. Cuando apoyas el pecho de tu hijo contra el tuyo, siente el
relajante y familiar latido de tu corazón.

* Ponlo en posición vertical. Sostenerlo con la cabeza erguida suele
aliviar el estrés y fomentar la concentración. Como decía Daniel Stern,
psiquiatra e investigador infantil, <<poner a un bebé en posición vertical
es, para su sistema nervioso, como cambiar de marchas en un
automóvil. Se tranquiliza físicamente, pero aumenta su alerta mental en
el sentido de mostrarse más abierto a las imágenes y sonidos de su
entorno.>>

* Colócalo boca abajo. Algunos pequeñines, y en especial los que
sufren cólicos o trastornos gastrointestinales, se sienten más cómodos
tumbados boca abajo.

* En caso de que el niño se muestre incómodo boca abajo, intenta lo
siguiente:

1. Empuja suavemente en el sacro o la región lumbar. Lo ayudará
a arquear la espalda.

2. Dale unos cuantos golpecitos reconfortantes.

3. Colócalo sobre tu pecho, sobre todo si es muy pequeño, para
que disfrute del contacto.

* Prueba con alguno de sus movimientos <<favoritos>>. Entre los más
populares se encuentran el <<Rodamiento con una pelota>>,
<<Estiramiento de una pierna>>, << El rompecabezas>>,
<<Estiramiento lateral de una pierna>> y <<La diosa (El rollo) >>

* Interrumpe la sesión para alimentarlo y luego reanuda el trabajo.

* Dale un masaje relajante y suave, pero firme. No le hagas cosquillas;
puede disgustarlo o distraerlo.

* Sigue las sugerencias de las pp. 92-95 para que los ejercicios sean
más divertidos.

* Presta especial atención a las partes más sensibles del cuerpo del
bebé, tales como el rostro, las palmas de las manos, las plantas de los
pies y el esternón.

La seguridad ante todo

La edad y el desarrollo de tu hijo deben tener un evidente efecto en la forma de
trabajar juntos. Si es muy pequeño, deberás tener muy presentes sus
habilidades limitadas, especialmente su fuerza muscular inmadura y la falta de
control del cuello y la cabeza. No hace falta decir que la seguridad del bebé es
primordial. Sujétalo bien para que su cabecita no venza adelante o atrás, o se
caiga de tu regazo. Hasta que no muestre un control adecuado del cuello,
asegúrate de que la columna está siempre recta. No olvides que la cabeza de
tu hijo comprende una parte muy elevada de su peso corporal. Un recién nacido
no sabe aún corregir la posición por sí solo y contrarrestar la gravedad si la
cabeza no está en la posición correcta. El input sensorial que necesita para
corregirla todavía no se ha desarrollado. Si el niño está sentado, sostenlo con
firmeza por el cuello y la espalda colocando las manos en sus axilas y
ahuecándolas en la nuca.

Y ahora algunos consejos adicionales:

* Evita mantener su cabeza por debajo del resto del cuerpo durante
más de unos breves momentos. Esta posición favorece un flujo
excesivo de sangre en la cabeza.

* No hagas movimientos bruscos durante los ejercicios. Tu hijo no es un
muñeco de trapo. Muévelo con suavidad mientras lo cambias de
posición. La brusquedad desconcierta y asusta a los bebés.

* Sujétalo con firmeza e intenta manejarlo de una forma segura y
confiada.

* No lo obligues a ir más allá de lo que es capaz de hacer fácilmente.

* Recuerda que a los recién nacidos les gusta estar cerca del cuerpo de
mamá, preferiblemente en contacto con  su piel. De este modo pueden
olerla, sentir su calor, escuchar los latidos de su corazón y mirarla a la
cara. Asimismo, la mayoría de las madres han observado que sujetarlos
más cerca de su centro resulta más confortable para el bebé, sobre
todo para su postura. Si lo sostienes demasiado lejos de tu cuerpo,
someterás su espalda, cuello y hombros a una innecesaria sobrecarga.

Las necesidades de tu bébe cambian

A lo largo de su primer año de vida, tu hijo evoluciona a un ritmo increíblemente
rápido hasta una menuda persona capaz de hacer movimientos voluntarios,
pasar largos períodos de vigilia y desarrollar una completa habilidad motora.
Lógicamente, la edad del niño influirá en la naturaleza de la práctica física
contigo. Durante el ejercicio con un bebé, en ocasiones se tiene la impresión de
que es un pasajero pasivo mientras que tú acabas agotada. A medida que el
estado de alerta del niño va en aumento, se muestra físicamente activo e
implicado socialmente, el trabajo será el de un compañero cada vez más
dinámico. Si ya es un poco mayorcito, tal vez prefiera explorar el entorno
mientras practicas, entreteniéndose él solito en tu íntima y confortable
presencia, o por el contrario mostrarse como una pareja formidable.

De recién nacido a tres meses

De recién nacido, tu hijo muestra una innegable predilección por la posición
fetal, sus movimientos son incontrolados y bruscos, sólo es capaz de mover la
cabeza de lado a lado y no la sostiene por sí solo. Apenas ve a 20-25 cm lo que
tiene enfrente, tiene dificultades para seguir la trayectoria de un objeto y duerme
la mayor parte del tiempo. No te deprimas pensando que tu trabajo con él es
inútil. Recuerda que puede reconocer tu voz, tu rostro y tu olor, y que ya tiene
un reflejo que lo anima a volver la cabeza en la dirección de un sonido.
Alrededor de los dos meses, tu bebé empezará a deleitarte con su maravillosa
sonrisa, y entre los dos y los tres meses, oirás sus primeros gorjeos.
Aproximadamente a los tres meses es posible que empiece a estirar y flexionar
los brazos y las piernas, que abra la mano y que golpee los objetos a su
alcance.
Con un recién nacido tus interacciones serán más sutiles mientras empiezas a
conocerlo, y él a ti, a través de un intercambio de contacto visual, expresiones
faciales, fragancias, tacto y sonidos. No olvides que estás desempeñando una
función esencial: lo sostienes y lo mueves al ritmo de los movimientos de tu
cuerpo. Como dijo Stanley Greenspan, tu rol como madre en los primeros
meses de vida de tu hijo consiste en <<ayudarlo a mirar, escuchar, empezar a
moverse y tranquilizarlo>>. Durante los ejercicios mantén un contacto visual
frecuente con el bebé, cuéntale lo que estás haciendo y responde a sus
cambios en el estado de ánimo adaptando tus movimientos.

De tres a seis meses

Tu hijo está empezando a establecer una relación mucho más íntima contigo e
intenta participar cada vez más en <<conversaciones>> más elaboradas
mediante la sonrisa, el gorjeo y los gestos. A los cuatro meses empezará a
parlotear contigo y se reirá si siente cosquillas, y a los seis, te dará la
sensación de que ya está realmente hablando. Durante este lapso de tiempo, el
bebé desarrolla un creciente control del tronco. A los cuatro meses empieza a
mostrar signos de control del cuello y la cabeza, y disfruta cuando lo sostienes
sentado, a pesar de ser incapaz de sostenerse él solo. A los cinco meses,
dotado ya de un mayor tono muscular en el tronco, será capaz de rodar de
boca arriba a boca abajo, y a los seis incluso se sostendrá por sí mismo en la
posición de sentado aunque sólo sea durante unos vacilantes momentos.
Mientras trabajas con un niño de esta edad, no olvides tenerlo la mayor
cantidad de tiempo posible sobre tu vientre.

Veamos algunas formas divertidas de implicar a tu bebé:

* Cuando el niño esté boca arriba, abre y cierra suavemente los brazos.

* Con el bebé boca arriba, mueve sus piernas adelante y atrás como si
estuviera pedaleando en una bicicleta. Este movimiento fomenta el
desarrollo muscular en las piernas, pero no fuerces las extensiones
más allá de las caderas o los hombros para evitar dislocaciones en las
articulaciones de la cadera. Puedes aplicar los mismos principios de
Pilates acerca de la alineación: trabaja siempre dentro de los límites de
su estructura corporal.

* Sugiéreles juegos de imitación. Saca la lengua o abre la boca y
observa si responde igual. A medida que vaya creciendo puedes
complicar un poco más los movimientos, como describir círculos con la
cabeza. También puedes imitar algunos de sus gestos y sonidos. Si
gorjea, hazlo tú también, y si se lleva la mano a la cara, haz lo mismo.
Si se muestra activo participando contigo en este juego de imitación,
recompénsalo con mimos, caricias y sonrisas.

* Dale un sonajero.

* Nombra las partes del cuerpo. Cuando el niño descubra o toque una
parte de su cuerpo, dile cómo se llama. Asimismo puedes decirle el
nombre de las partes del cuerpo que estás utilizando durante los
ejercicios.

* Proponle juegos acústicos como <<vamos a poner en marcha el
motor>> con los sonidos correspondientes y simulando girar la llave de
contacto del coche en su ombligo.

* Con el bebé boca abajo, puedes estimularlo a gatear apoyando sus
manos en el suelo con las palmas abiertas. Si presionas sus manos
experimentará la dureza del suelo.

De seis a doce meses

En la segunda mitad de su primer año, tu hijo se mostrará mucho mas
interesado en explorar el mundo que lo rodea e intentará tocarlo todo. A medida
que vaya adquiriendo control de su cuerpo y mayor fuerza muscular, deseará
practicar sus nuevas habilidades motoras y afirmar su recién descubierta
independencia. ¡Bienvenido sea a tu diablillo superactivo! Alrededor de los ocho
meses es posible que se siente solo, que gatee y alcance objetos con el pulgar
y el índice; a los diez podría <<navegar>> de un lugar a otro, y a los doce dar
sus primeros pasos o estar a punto de hacerlo. Junto con su creciente
autonomía, el vínculo físico y afectivo contigo llega a su punto más álgido, y
aproximadamente a los nueve meses desarrolla ansiedad ante un
desconocido. Socialmente, tu bebé empezará a jugar contigo en lugar de
esperar a que le tires la pelota rodando, y entre los nueve y los doce meses es
más que probable que te sorprenda con su primera palabra.

Veamos algunas formas agradables para estimular la participación activa de tu
bebé ya no tan pequeño:

* Realiza ejercicios delante de un espejo para que el niño pueda ver su
imagen y la tuya.

* Entre sus ejercicios predilectos estarán los siguientes: <<Rodar con
una pelota>>, <<Estiramiento de una pierna>>, <<Plies de pie>>, <<El
rompecabezas>>, <<Estiramiento lateral de una pierna>> y <<La diosa>> (El
rollo)>>. Durante la Serie de Estómago, puedes añadir los <<vuelos>>,
sosteniéndolo en el aire con los brazos extendidos.

* Juega a <<cucú>>.

* Sugiérele juegos de imitación más elaborados.

* Incorpora juguetes a la sesión de ejercicio. Ahora a tu hijo le encanta
explorar diferentes objetos.

* Implícalo en el <<juego de los nombres>> de objetos, personas o
actividades que llamen su atención.

La clave es divertirse. Si tu bebé no parece reaccionar con placer a un juego o
interacción, querrá decir simplemente que todavía no está preparado para ello y
que debe madurar un poco más. No se lo impongas. Con frecuencia, basta
esperar algunos días o semanas.




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